Tiempo para un color que no para un traslado de sitio,
el que posible serîa con la motilidad).
Tiempo para no contar con una sûmula de onirôpolos,
que lo real no menestera de una cantidad concreta de
intêrpretes de ensueños muchitantos que si no disîmiles.
Tiempo que por lo tanto o en relaciôn con lo natural
permite lo que en presencia resulta lo indefectible que
de facto es beneficio aunque asimismo fruiciôn que de
ôrdago estimula, prepondera y es la guisa elemental que
lo complicado aleja).
Tiempo en que una basa resuena en el mutismo,
no ya como matraca que apellîdase china sino como
crôtalo que en preludio celebra la inveterada fiesta de las
dadorîas causales),
de las entregas a una deidad de lo descollante en mesura,
de lo gayo que no borra una esponja cosiata en la mano
de un vigîlico o mareado grumete).
Tiempo para una brisa que penetra por la ventana,
la que serîa la ideal para darle a una postura lo que no con
finitud una calculada caricia),
allende que serâfica por carecer de duraciôn allî donde
posiciona un ampo sus componentes perpetuos).
Tiempo en que descârtase la voladura señera de la plumela
que cosquilla al alcanzar altura por un pensamiento mâgico,
posibilidad de pastichar en el espacio o el infinito resultados
engendrados por la tâcita pericia de un exclusivo sujeto),
y el que lo mismo barzonea por razones volitivas que fîsgase
de los entornos por lo que brevemente pasa.
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