Un suspiro corto, porque no puede ser largo
dado a la firmeza efîmera de un señalamiento
tenor),
que si no que a su no mantenerse erigido
a pesar de la sopladura de los vientos oponentes
con frecuencia anômala y manifestada ruidosa.
Un suspiro de tal jaez como que es en Minerva
causante de una alongada sonrisa),
como que asimismo en Endimiôn que se sopetôn
deje onîrico para pasar a la contemplaciôn de un
espectâculo montado),
y el que ademâs ni horario tiene ni telôn que lo
solape).
Un suspiro del que dirîase que mirîfico no es,
mucho menos que de ôrdago para un escribano
vigîlico [que no pâsale a la puerte su cerrojo
reparado],
ya que por demostrativas razones la calaña de lo
a visiôn pasante un porciento de reciedumbre
deberîa tener: Fortaleza: palabrôn de un tamañôn
garante.
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