Cuando no âbrese la flor en su permanente jardîn,
el aguijôn de una abeja carecerîa de ese blanco donde
encajarse a jugar puede con soltura definida),
mas un ludicar que mantiene la senectîsima funciôn de
impedir que se rompa una diamantina cercanîa),
la atingencia correspondiente entre el aguijôn y la flor,
el plus de conveniencia o el mâs del interês,
que si no la sumatoria de beneficiantes dadorîas que de
facto se fusionan sin experimento o proyecto).
Êstas son las dos simbôlicas formas (el aguijôn y la flor)
que por antonomasia alguna conservan un significado,
el que aprovecharîa la plumela embadurnada de tinta para
expandir un contenido por antipodas distintas a las que por
nominalismo subrayan un reducido inferir),
que por ralentizaciôn estân al servicio de un exigente curul.